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  • Reflexión del pastor Diego Alfaro

    Qué difícil es ver a Dios en medio de las encrucijadas de la vida. Aun así, en los cruces dolorosos de cada biografía y en cada complejo entramado social, nace Emanuel. Ayer y hoy, Dios se acerca a nosotras y nosotros.

    En el texto de este domingo vemos a José en una encrucijada. María está embarazada y él, su prometido, no es el padre. El narrador de la historia nos anticipa que esta concepción es obra del Espíritu Santo, pero José no lo sabe. El relato coloca este momento clave de la historia de la salvación en el marco de una experiencia concreta de dudas y dolor, atravesada por desigualdades de época.

    Nada se nos dice de cómo María podría estar transitando este mismo hecho. La condena social sobre una mujer embarazada fuera de las expectativas de su tiempo era sumamente dura, incluso fatal. Transitar un embarazo condicionado por mandatos sociales punitivos es signo de un mundo que aún no ha aprendido a acoger la vida de las mujeres.

    José vislumbra uno de los senderos posibles para salir de la encrucijada: apartarse de María para librarla del peso de la condena social. Pero tampoco ese horizonte ofrecía resguardo para ella, en un mundo donde la supervivencia de una mujer pendía de redes familiares y económicas sostenidas por la figura de un varón. La fragilidad de maternar sin redes de apoyo no es virtud ni prueba, sino el reflejo de un mundo que todavía no sabe tejer cuidados.

    José recibe un mensaje que quiebra el curso de la historia. No es su discernimiento humano lo que abre un nuevo camino, sino una voz de otro orden, un enviado, un ángel. La posibilidad de entrever a Dios en medio de las experiencias más dolorosas no nace de nuestras fuerzas, sino que irrumpe donde menos lo esperamos, desbarata toda expectativa, desarma todo cálculo.

    Y así también, en medio de las encrucijadas más hondas de la vida, Dios nace como Jesús. Un Dios que se aproxima y acompasa nuestras dudas y dolores. Una cercanía que transforma la historia desde adentro, haciendo nacer en lo humano horizontes que antes no podían imaginarse, y con ellos, esa fe que no forjamos nosotrxs, sino que nos es regalada como don para poder acoger al niño que nace, Emanuel, Dios con nosotras y nosotros.

    Y en esa presencia que se hace cuerpo e historia, asoma la salvación anunciada. En medio de las injusticias, de las miradas que juzgan y de las encrucijadas dolorosas de todos los tiempos, asoma la decisión de Dios de abrir caminos allí donde no los hay. En Jesús, Dios no solo acompaña nuestras encrucijadas; las transforma en un lugar de encuentro, de llantos compartidos, de escucha atenta, de fe que nace y de un amor que se abre paso.


  • Reflexión del pastor Clovis Kurtz

    Jesús le contesta a la pregunta de los discípulos de Juan (que estaba preso y mandó averiguar con sus discípulos), Mateo 11:2-11, con las palabras del profeta Isaías 35:5-7: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.” Haciendo la conclusión de los textos anteriores de Isaías, leídos en el primer y segundo domingos de Adviento.

    La esperanza en un “reino” en dónde (Isaías 2:4b), “..convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra.” Y en dónde (Isaías 11:6-8) “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca pacerá junto a la osa, sus crías se recostarán juntas; y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará sobre la cueva de la cobra; el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.”

    Los anuncios y respuestas de Jesús van llevando al gran anuncio de la falta de sentido de los “Reinos” que son gestionados por los seres humanos. Pareciera como que se estuviera preparando un gran cambio en la realidad. Pues los cambios profetizados por Isaías también incluían cambio de sentido también en la naturaleza, lo “natural” también tiene lugar en la esperanza del mundo en la realidad divina.

    Este tiempo de esperanza y de espera debe, por lo tanto, tener una visión mucho más amplia y abarcativa. El hecho de Dios hacerse humano (y Dios al mismo tiempo) en Jesús nos llama a mirar más allá de la humanidad. El cambio de cosmovisión empezado nos pone a esperar un mundo nuevo, nueva tierra, nuevos cielos y también una realidad en dónde todo aquello que tenemos por cierto y “natural” sea transformado por Dios.

    El texto bíblico mismo (ya en el antiguo testamento) nos pide que abramos mente y corazón para poder visualizar este mundo nuevo y empezar a transformarnos en la búsqueda de sentidos que también nos permitan releernos nuevamente. Que bueno que podemos creer en un Dios que no es fundamentalista y no teme en cambiar su relación con la humanidad para mejorar el mundo. Que bueno que podemos tener a nuestro lado este Dios que se hace uno de nosotros para asumir la humanidad con todos sus errores y fallas. Que bueno que la autoridad de Dios está enmarcada en Su amor hacia nosotros. Esperemos poder ser parte de esta nueva realidad, de este nuevo mundo. Que esta nueva luz sobre la tierra nos ilumine y que nuestras ceguedades sean disipadas y nos permitan ver y sentir el amor de Dios en el/la otro/a y que nuestras sorderas sean quitadas y podamos oír la manifestación de Dios en la naturaleza tan agredida por la humanidad.


  • Reflexión de la Diácona María Elena Parras

    Isaías 11:1-10  – Mateo 3:1-12

    Estamos caminando este tiempo de Adviento, de preparación y espera para el nacimiento de nuestro Salvador en la confianza que Dios nos acompaña en cada paso. 

    Recordamos que “el Adviento posee una doble dimensión: no solo es la preparación de la primera venida de Jesús, la Navidad, sino también la espera vigilante de Su Segunda Venida” [1]

    Este segundo domingo de Adviento de 2025 nos dejamos guiar por la Palabra en la espera activa a través de la conversión que nace de la fe, inspiradas en el texto de la esperanza del Reino de Paz y Justicia que encontramos en Isaías 11:1-10 y en la historia de vida de Juan Bautista, que encontramos en el evangelio Mateo 3:1-12.

    Algunas claves para leer el evangelio de esta semana, Mateo escribió para los cristianos convertidos del judaísmo -los hijos de Abraham- por lo que cita las escrituras de los profetas, como una forma de confirmar en primer lugar que Juan es parte de la historia de salvación, anunciado por el profeta Isaías (40) para preparar el camino delSeñor, y afirmando el poder del que viene.

    Mateo nos trae el testimonio de una “una voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.”  Este testimonio nos llega desde una narrativa de vida comprometida, vacía de bienes y en la confianza plena de que Dios lo sostiene. Muchos acudían a ante este llamado.  Y los convocaba al arrepentimiento, al cambio y al bautismo en el Jordán como una purificación moral e iniciación a la comunidad de la espera activa del Mesías.

    También acudieron los Saduceos -la aristocracia conservadora quienes tenían el poder del Templo y no creían en la resurrección- y los Fariseos que si creían en la resurrección y tenían el poder en las sinagogas. 

    Ante esta presencia Juan se dedica a denunciar las injusticias e hipocresías que estaban presentes, nombrando y reconociendo la falsa seguridad que aportan tradiciones, la ley, el poder y los bienes que sostenían estos últimos.

    Ahora les invito a Uds. identificar ¿dónde estarían presentes hoy las injusticias e hipocresías como las que denunció Juan en cada uno de sus contextos?

    La Palabra también anunciaba a todos la esperanza puesta en el que ha de venir; cuyo poder no tiene precedente – y del cual Juan con toda su vida dedicada no era digno ni de llevarle las sandalias- Él bautizara con el Espíritu Santo.

    En el Adviento somos llamadas a la conversión, a la transformación del corazón y la mente, recordando que no estamos solas en esta tarea de conversión; Dios nos acompaña.

    Es un tiempo para ver la vida desde la perspectiva de la promesa divina, incluso en situaciones difíciles, áridas como el desierto o muertas como la imagen del tronco que, aunque cortado, aun allí renace la vida.

    Dios nos llama desde la Palabra y desde la vida que acontece en nuestros contextos a disponernos en cuerpo, mente y corazón para compartir la manifestación del Dios de la vida en nuestras comunidades y en nuestras vidas, identificando donde están los poderes que causan sufrimiento y muerte, cuáles son los desiertos de hoy que aún guardan esperanza.


    [1] Reflexión primer domingo de adviento IELU 2025, Daniela Caínzos.

  • Reflexión de la Pastora Daniela Belén Cainzos

    Texto: Mateo 24:36-44

    Comenzamos un nuevo año litúrgico. Para los cristianos y las cristianas, el Adviento es una época profundamente significativa: un tiempo de preparación y de espera activa de la venida de Jesús en el humilde pesebre. Este es el primero de cuatro domingos en los que caminaremos hacia la Nochebuena para culminar recibiéndole en ese humilde pesebre.

    El texto asignado para este Primer Domingo de Adviento, proveniente de Mateo 24, se encuentra en el sermón sobre el fin de los tiempos de Jesús e incluye la mención del relato de Noé como ejemplo del Fin de los Tiempos.

    A primera vista, la elección de un texto sobre el fin del mundo al comienzo del Adviento parece contradictoria. Sin embargo, si analizamos el contexto, comprendemos la intencionalidad del leccionario. El Adviento posee una doble dimensión: no solo es la preparación para la primera venida de Jesús la Navidad, sino también la espera vigilante de Su Segunda Venida.

    El concepto del “Fin de los Tiempos” en Mateo no se refiere primariamente al fin del mundo, sino a la culminación de la historia de la salvación, marcada por la destrucción del Templo de Jerusalén y la Segunda Venida de Jesucristo. La destrucción del Templo significó para el pueblo que aquello que se creía inquebrantable podía caer en un instante. Esto mostró la vulnerabilidad y finitud de todo lo terrenal. Jesús, consciente de este desconcierto, no termina con una profecía de miedo, sino con un mensaje de esperanza activa.

    El texto de hoy nos enseña las acciones a tomar mientras transcurre el tiempo. Jesús nos da la clave para vivir el Adviento: velar (implica ser conscientes del tiempo, no vivir cegados por la rutina como en los días de Noé), estar preparado/a (no es una acción de último minuto, sino la condición constante de un corazón alineado con la voluntad de Dios) y cuidar (ser fieles a la misión de Dios, estar atentos/as a quienes viven alrededor nuestro, a quienes nos debemos en amor y servicio).

    Esto implica una vida en la que ponemos la mirada en Jesús, que vino, está con nosotros y vendrá; y también podemos poner la mirada en quienes viven alrededor nuestro y a quienes nos debemos en amor y servicio. Vivir así es tener a Jesús presente día a día. Y, de hecho, esa certeza se transforma en realidad y debe impulsarnos a revisar nuestra actitud y nuestras acciones, llevándonos a anunciar a Jesucristo y a practicar la solidaridad con sus hermanos y hermanas más vulnerables.

    En este tiempo de Adviento que se inicia, preguntémonos: ¿A quién, en mi entorno, debo mirar con más atención y servir con mayor humildad para manifestar el amor de Jesús en el presente Adviento?

    Que Dios nos ayude a estar siempre con una esperanza activa, velando, preparando y cuidando el camino hacia el pesebre. Amén.